sábado, 18 de febrero de 2012

El Golem, de Jorge Luis Borges

EL GOLEM
                 ( El otro, el mismo. Borges)

Si (como el griego afirma en el Crátilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
en las letras de rosa está la rosa
y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
habrá un terrible Nombre, que la esencia
Cifre de Dios y que la Omnipotencia
guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
En el jardin. La herrumbre del pecado
(Dicen los cabalistas) lo ha borrado
y las generaciones lo perdieron.
Los artificios  el candor del hombre
No tienen fin. Sabemos que hubo un día
En que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
En las vigilias de la judería.

NO a la manera de otras que una vaga
sombra insinúa en la vaga historia
aún está verde y viva la memoria
De Judá León, que era Rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
Y al fin pronunció el Nombre que es la Clave.

La Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
De letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de antes, Después, Ayer, Mietras, Ahora,
Derecha. Izquierda, Yo tú, aquellos, otros.

(El cabalista que ofició de numen
A la vasta criatura apodó el Golem;
Estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen)

El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto es el tuyo; esto es la soga"
Y logró, al cabo de años, que el perveso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del sacro Nombre;
A pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
Y harto menos de perro que de cosa,
Seguía al Rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
Ya que a su paso el gato del Rabino
se escondía. (ese gato no está en el Scholem
pero, a través del tiempo lo adivino)

Elevando a su dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
O, estúpido  snriente, se ahuacaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
Y con algún horror. ¿Cómo (se dijo)
Pude engendrar este penoso hijo
Y la inacción dejé, que es la codura?
¿por qué  di en agregar a la infinita serie
un símbolo más? ¿por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

(Borges 1958)



(Pintura de Sergio Nurko Marcovich)